Onanismo

¿Y si nuestra media naranja fuese nada más y nada menos que nuestro brazo más diestro, que seria de todas esas historias de amor, de príncipes y princesas?

¿Las historias comenzarían de forma onanista para acabar fluyendo en una manifestación del ego viscosa?

¿Complejo, eh?

Pero de verdad, solo pensadlo por un segundo, que pasaría si tu brazo más hábil fuese nada más y nada menos que el amor de tu vida, quien siempre estará ahí, tanto en lo bueno y como en lo malo. Seria como si todos los conceptos de toda las historias que nos han implantado desde niños simplemente se sublimasen en el aire.

Un choque más que curioso y, que quizás, nos hiciese cambiar nuestra forma de ver tantas cosas, situaciones ‘vitales’, que si bien podría marcar el fin como especie debido a la perdida de la necesidad reproductiva, podría ser también el paso a dar.

Menos historias de amor toxico y, más onanismo, más ego, ese es el rumbo que deberíamos de tomar. O, en el peor de los casos el volverse abstemio es una buena solución, tal como decidió el que escribe este texto. Aún que a este paso no creo que dure mucho tiempo, lo cual seria irónico. Pero bueno, la contradicción sobre un papel puede generar obras realmente curiosas.

Al fin y al cabo es parte del Si-No, la esencia de ser humano, lo que nos hace avanzar. La prueba y el error, el hecho de ser capaces de cambiar de opinión, la simple constante de que hoy puedes tener una idea y, mañana otra. Ser constantemente inconstantes.

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