Bajo la luz de una vela.

Hoy, como muchos otros días me encuentro en un punto en el que no se que hacer, estoy atascado, las ideas no surgen. Es en estos momentos cuando pienso y escribo cosas que no me gusta compartir. Aún así, intento materializar ese conjunto de ideas inconexas y darles forma. Es complicado, como moldear el barro con las manos, sin herramientas. Pero, esa dificultad y, esa sensación de ansiedad, junto al vértigo que provoca el digitalizar estos textos, es lo que impulsa a evolucionar, a seguir escribiendo, a crear más y más.

Dicho esto, os voy a compartir unos pequeños extractos que he escrito en este periodo en el que no he realizado más que auto-sesiones fotográficas.

Negamos aquello que vemos en el espejo,
intentamos cambiarlo,
nos engañamos a nosotros mismos.
Engañamos al resto con una careta de plomo;
Y,
aún así,
mostramos ápices de lo que realmente somos,
únicamente, y, solo,
únicamente
cuando perdemos el control,
dejamos que nuestras emociones salgan al exterior.

Gran parte del tiempo me da vergüenza compartir cosas así, es algo que, por desgracia no puedo negar. Y, no lo hago por suerte.

Soy consciente de que no soy bueno escribiendo, ni siquiera decente, pero me esfuerzo, es algo que hago intermitentemente, puede que hoy haya escrito, pero puede que mañana no lo haga. Solo surge el coger el bolígrafo cuando desbordo por dentro. Cuando, necesito hablar con alguien pero no encuentro con quien por temor a ser una molestia, una carga, pues tiendo a ser una persona pesimista, negativa, solo en esos momentos, me arriesgo a manchar el papel, cuando alcanzo el pico más intenso, aún con miedo a caer, escribo. Esa es mi razón de ser.

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